lunes, 26 de agosto de 2013

PARO NACIONAL AGRARIO, EXIGIBILIDAD Y REIVINIDICACIÓN DE NUESTROS DERECHOS CAMEPSINOS


En Colombia, donde la pérdida de soberanía alimentaria es nuestra realidad. Un país que puede alimentar su población y generar excedentes para alimentar a otras, tiene desde el 2010 la necesidad de asistencia exterior para abastecerse de alimentos. (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura, 2010). Esto se explica por qué en el mundo y en el país se fomenta “un sistema agroalimentario que no alimenta” por cuanto esto se sustenta  en la maximización de las ganancias en lugar del derecho a la alimentación (Ordoñez, 2012).

Algunos estudios realizados sobre los impactos del TLC (USA – Colombia) muestran que no es visible bajo qué condiciones se pueden ver beneficiados los productores de la economía campesina, ya que se afecta la producción de cereales (arroz, maíz amarillo, maíz blanco, sorgo y trigo), leguminosas (frijol y arveja), hortalizas (tomate, cebolla y zanahoria), papa, algodón y actividades pecuarias como carnes de pollo y cerdo, lo cual significará que el campesinado pierda en promedio el 10,5% de sus ingresos y un 28% de estos perderá entre el 31 y el 45% de sus ingresos. (Garay, et al.2010; Universidad de Manchester, 2009).

Nuestro campesinado es el responsable del sostenimiento y la producción del país, la ciudad y la vida  urbana de Bogotá. Los pequeños y medianos productores cultivan más del 60% de los alimentos consumidos por los bogotanos; sin embargo aun cuando, es decir “los hogares campesinos son el 12% de los hogares del país, es decir, cerca de 1.400.000 hogares, aproximadamente 6 millones de personas” y que “de cada 100 hectáreas en actividad agropecuaria, 33 hectáreas son dedicada a la economía campesina”, en Cundinamarca un 49% del área agropecuaria es campesina y un 51% es empresarial, en Boyacá el 80% del área agropecuaria es campesina y un 20% empresarial, en el Tolima el 40% del área agropecuaria es campesina y un 60% empresarial, y en el Meta un 11% del área agropecuaria es campesina y un 89% es empresarial (Rodríguez, 2012, p. 1, 7-9, según datos del Censo General 2005 y de la Encuesta Agropecuaria 2005). Añadiendo un sistema alimentario dependiente de los mercados internacionales de alimentos y tecnologías agropecuarias generando un “desabastecimiento programados”. Los precios internacionales de los alimentos han aumentado entre el 50% y el 200% (Fajardo, 2011).

Ahora bien frente a la colonización de la nueva globalización económica y cultural, desconoce totalmente las comunidades asentadas con historia propia,  sentido de identidad colectiva y pertenencia territorial. Las políticas anti campesinas y no alimentarias no son más que la expresión del modelo de desarrollo modernizante en el que prima lo urbano sobre lo rural, lo empresarial sobre lo campesino y popular, la especialización sobre la diversidad, el trabajo sobre el trabajo familiar, la propiedad privada sobre la colectiva, y la subordinación sobre la autonomía.

viernes, 26 de julio de 2013

Nuestra economía campesina


La Asociación de Campesinos y Productores de la región del Tequendama, Sumapaz y Provincia de Soacha ASOCAMPRO, es una Asociación Agropecuaria de carácter nacional, de derecho privado, sin ánimo de lucro que agrupa en su seno a productores, transformadores y artesanos, que adelantan una misma actividad agrícola, pecuaria, forestal, piscícola, acuícola, transformación de materias primas derivadas del campo y artesanales con el objeto de satisfacer o defender los intereses comunes de sus asociados y contribuir al desarrollo del sector rural nacional.

En un país como el nuestro, donde la pérdida de soberanía alimentaria es nuestra realidad. Un país que tiene la capacidad de alimentar su población y generar excedentes para alimentar a otras, tiene desde el 2010 la necesidad de asistencia exterior para abastecerse de alimentos. (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura, 2010). Esto se explica por qué en el mundo y en el país se fomenta “un sistema agroalimentario que no alimenta” por cuanto esto se sustenta  en la maximización de las ganancias en lugar del derecho a la alimentación (Ordoñez, 2012).

Nuestro campesinado es el responsable del sostenimiento y la producción del país, la ciudad y la vida  urbana de Bogotá. Los pequeños y medianos productores cultivan más del 60% de los alimentos consumidos por los bogotanos; sin embargo aun cuando, es decir “los hogares campesinos son el 12% de los hogares del país, es decir, cerca de 1.400.000 hogares, aproximadamente 6 millones de personas” y que “de cada 100 hectáreas en actividad agropecuaria, 33 hectáreas son dedicada a     la economía campesina”, en Cundinamarca un 49% del área agropecuaria es campesina y un 51% es empresarial, en Boyacá el 80% del área agropecuaria es campesina y un 20% empresarial, en el Tolima el 40% del área agropecuaria es campesina y un 60% empresarial, y en el Meta un 11% del área agropecuaria es campesina y un 89% es empresarial (Rodríguez, 2012, p. 1, 7-9, según datos del Censo General 2005 y de la Encuesta Agropecuaria 2005). Añadiendo un sistema alimentario dependiente de los mercados internacionales de alimentos y tecnologías agropecuarias generando un “desabastecimiento programados”. Los precios internacionales de los alimentos han aumentado entre el 50% y el 200% (Fajardo, 2011).