En
Colombia, donde la pérdida de soberanía alimentaria es nuestra realidad. Un
país que puede alimentar su población y generar excedentes para alimentar a
otras, tiene desde el 2010 la necesidad de asistencia exterior para abastecerse
de alimentos. (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura, 2010).
Esto se explica por qué en el mundo y en el país se fomenta “un sistema
agroalimentario que no alimenta” por cuanto esto se sustenta en la maximización de las ganancias en lugar
del derecho a la alimentación (Ordoñez, 2012).
Algunos estudios realizados sobre los impactos del
TLC (USA – Colombia) muestran que no es visible bajo qué condiciones se pueden
ver beneficiados los productores de la economía campesina, ya que se afecta la
producción de cereales (arroz, maíz amarillo, maíz blanco, sorgo y trigo),
leguminosas (frijol y arveja), hortalizas (tomate, cebolla y zanahoria), papa,
algodón y actividades pecuarias como carnes de pollo y cerdo, lo cual
significará que el campesinado pierda en promedio el 10,5% de sus ingresos y un
28% de estos perderá entre el 31 y el 45% de sus ingresos. (Garay, et al.2010;
Universidad de Manchester, 2009).
Nuestro campesinado es el responsable del
sostenimiento y la producción del país, la ciudad y la vida urbana de Bogotá. Los pequeños y medianos
productores cultivan más del 60% de los alimentos consumidos por los bogotanos;
sin embargo aun cuando, es decir “los hogares campesinos son el 12% de los
hogares del país, es decir, cerca de 1.400.000 hogares, aproximadamente 6
millones de personas” y que “de cada 100 hectáreas en actividad agropecuaria,
33 hectáreas son dedicada a la economía campesina”, en Cundinamarca un 49%
del área agropecuaria es campesina y un 51% es empresarial, en Boyacá el 80%
del área agropecuaria es campesina y un 20% empresarial, en el Tolima el 40%
del área agropecuaria es campesina y un 60% empresarial, y en el Meta un 11%
del área agropecuaria es campesina y un 89% es empresarial (Rodríguez, 2012, p.
1, 7-9, según datos del Censo General 2005 y de la Encuesta Agropecuaria 2005).
Añadiendo un sistema alimentario dependiente de los mercados internacionales de
alimentos y tecnologías agropecuarias generando un “desabastecimiento programados”.
Los precios internacionales de los alimentos han aumentado entre el 50% y el
200% (Fajardo, 2011).
Ahora bien frente a la colonización de la nueva
globalización económica y cultural, desconoce totalmente las comunidades
asentadas con historia propia, sentido
de identidad colectiva y pertenencia territorial. Las políticas anti campesinas
y no alimentarias no son más que la expresión del modelo de desarrollo
modernizante en el que prima lo urbano sobre lo rural, lo empresarial sobre lo
campesino y popular, la especialización sobre la diversidad, el trabajo sobre
el trabajo familiar, la propiedad privada sobre la colectiva, y la subordinación
sobre la autonomía.

